Reforma Estructural para crisis monetaria Colombiana

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Colombia está pasando por un momento coyuntural del que si toma el camino correcto podrá marcar la diferencia en la región.

Muy a pesar de los embates que ha enfrentado la economía colombiana durante 2015, aún hay muchos desafíos de los que se podrían obtener réditos interesantes. Con un proceso de paz ad portas de firmarse, la reconciliación parece ser más que un problema un desafío. La fuerte y nefasta dependencia de los bienes primarios es otro ejemplo de los desafíos que Colombia debe asumir. Por esto y por muchos ejemplos más, Colombia está pasando por un momento coyuntural del que si toma el camino correcto podrá marcar la diferencia en la región.

La creciente inflación, en gran parte afectada por la devaluación del peso frente al dólar, no es solo un asunto de política monetaria que debe controlar el Banco de la República – que dicho sea de paso lo está haciendo bien– sino también es un asunto de los ciudadanos de a pie. Es que el impuesto más caro que un pueblo pueda pagar es precisamente la inflación.

Es por esto, que el asunto de corto plazo que debe enfrentar el Estado colombiano es quizá uno de largo, es decir una planeación estratégica en la que se eviten medidas paliativas en materia de política monetaria.

Para atacar por ejemplo la inflación en el largo plazo, se debe empezar por cambiar la fuerte dependencia de los “commodities” como principal aportante del PIB.

Es que cuanto más dependamos de los precios internacionales de estos bienes, en particular el del petróleo, más devaluación o revaluación tendremos, pues la correlación entre la TRM y el precio internacional del petróleo es casi perfecta y a la vez nefasta. Es aquí donde los empresarios y el Estado deberían pensar en construir conjuntamente la solución.

Así las cosas, el Estado colombiano debe establecer una planeación estratégica en la que se incluya como soporte de la misma una reforma estructural. En esta reforma, la participación activa, no sólo de las instituciones del Estado sino del sector privado (empresarios, instituciones educativas, agremiaciones y ciudadanos), debe ser una constante. Con una reforma estructural construida conjuntamente, se podrán consensuar los pilares fundamentales para atacar, por ejemplo, la dependencia de los bienes o actividades primarias (commodities).

En esta reforma estructural se deben establecer prioridades en materia de educación (básica, vocacional, técnica y profesional), industrialización, competitividad, productividad, informalidad económica y por supuesto la corrupción, la que no deja de ser un mal endémico. En materia industrial deben crearse mecanismos innovadores para financiar el aparato productivo y que se fomente la inversión en esta materia (tanto local como extranjera).

En lo que respecta a la competitividad, se debe trabajar conjuntamente en un plan de choque frente a los pilares más problemáticos establecidos en el reporte global de competitividad del Foro Económico Mundial, donde lo más desafiante es la corrupción, infraestructura y la tasa de impuesto –la más alta de la región–. La tasa impositiva debe ser disminuida significativamente para retomar la confianza inversionista, sobre todo por la necesidad de financiación de la precaria infraestructura actual.

Por el lado de la productividad, se debe enfocar el esfuerzo en la educación, donde lo más importante es la básica y sobre todo para los estratos más necesitados. Al respecto, se debe pensar en la inclusión de cátedras, desde edades tempranas, de innovación, tecnología de la información y emprendimiento, impartidas por supuesto por emprendedores exitoso.

De igual manera la misma suerte debería correr la educación técnica y profesional, pero sobre todo especializada en los sectores de la economía que se establezcan como objetivo en la planeación estratégica del Estado. En lo que respecta a la inclusión de la informalidad económica, se deben crear incentivos tributarios de toda índole que faciliten la generación de confianza de los económicamente informales. Por esto y por muchos temas más, es necesario que el Estado se merezca una planeación estratégica.

 


Felipe Jánica – Partner and Market Segment Leader, EY Colombia.