El nuevo campo colombiano no da espera

Alejandro Baquero, experto en el sector de infraestructura de EY Colombia, señala que los acuerdos en materia de desarrollo rural e infraestructura son los indicados, pero es necesaria una puesta en marcha pronta porque las inversiones pueden ir a otros destinos.

Previo al nuevo año, el país se prepara para recibir un cambio de un periodo de violencia, que ha durado más de 50 años, a un lapso de transición hacia la reconciliación y la anhelada paz. Por las características de nuestro territorio, la infraestructura y desarrollo rural son dos de los temas que mayor atención recibieron en el acuerdo de paz, que en su nueva versión ha tenido cambios sustanciales, pero mantiene la idea de potenciar el campo colombiano como el motor de reinserción y reconciliación. Sin embargo estos planes deben implementarse antes de que los recursos tomen otros rumbos.

Colombia es claramente un país verde. Para Alejandro Baquero, líder del sector de infraestructura de EY Colombia el secreto se encuentra en “generar confianza para la inversión privada en proyectos localizados en las regiones que no han sido exploradas como oportunidad de negocio. Las necesidades y el potencial del país se mantienen, pero si se deja pasar mucho tiempo en este proceso las inversiones pueden irse a otros destinos”.

2.869.913 de hectáreas utilizadas para agricultura y 37 millones de hectáreas de suelos utilizables, de acuerdo con datos de la más reciente Encuesta Nacional Agropecuaria del DANE, son el área que podría recibir la asesoría y el capital local, regional y mundial. En todos los sectores agrícolas hay posibilidades de crecimiento, por ejemplo las frutas o los cultivos extensivos como el trigo, y la ganadería pueden convertir al país en un gran jugador de la región.

Las características geográficas del país, el clima y el potencial para la inversión no van a desaparecer, pero se le debe sumar la claridad en las reglas de juego para los inversionistas. Lo anterior genera que estos se sientan seguros de poder recuperar sus inversiones y, por ende, dejar un territorio con altos niveles de desarrollo social que estimulen y apoyen el camino hacia la reconciliación.

“Para lograr que esta brecha se empiece a cerrar deben trabajarse de la mano el desarrollo del campo con la infraestructura social; en especial salud y educación: hospitales, colegios, centros de capacitación técnica, etc.; que brinden a las personas que habitan y que llegarán a las regiones afectadas por el conflicto el conocimiento y las herramientas para un crecimiento social óptimo”, menciona el ejecutivo de EY. Es necesario crear buenas condiciones de vida en las regiones que fueron azotadas por la guerra pues allí están ubicadas muchas oportunidades de crecimiento para millones de colombianos.